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Derechos Humanos Represión Caso Gerez: Un ejemplo que NO hay que seguir
Caso Gerez: Un ejemplo que NO hay que seguir PDF Imprimir E-mail
Lunes, 15 de Enero de 2007 06:06


(AW) A todas las dudas que despierta el caso Gerez le agregamos este balde de arena.Que las dudas no nos hagan dudar que solo nosotros mismos, organizadamente, podremos defendernos y responderles.
Juicio y castigo a los autores intelectuales y materiales del secuestro.

(Buenos Aires 12 de Enero, por Sebastián Robles para Izquierda Punto Info). Habló el Señor Presidente y menos de una hora después apareció Luís Gerez. El Señor Presidente estaba exultante y sus funcionarios pasaron por los medios a felicitarlo por haber logrado, con un simple discurso, la aparición de un secuestrado. Kirchner se fue para arriba en las encuestas durante 24 horas.

Después empezaron los problemas de nuevo. ¡Estos argentinos que desconfían de todo y de todo comenzaron a hacerse preguntas! ¿Cómo supieron el jefe de policía provincial y el Ministro de Seguridad de Sola que Gerez iba a aparecer tres horas antes del discurso del Presidente?

¿Cómo hicieron los del Canal 7 que no tenía equipo de exteriores disponible para estar con uno antes que nadie en el lugar de la aparición de Gerez? ¿Por qué uno de los hijos de Luís Gerez le dijo a Perfil que a su padre lo secuestraron para “beneficiar a Kirchner”?

¿Por qué apareció Luís Gerez tan rápido y el Señor Presidente actuó con tanta celeridad cuando en el caso de Julio López no movió un dedo eficazmente? ¿Cómo es que hay versiones de que a Gerez a lo mejor lo chuparon por disputas internas del Kirchnerismo de Escobar?

¿Por qué a Gerez sus secuestradores le pegaron poco y suave y le quemaron superficialmente el pecho con un pucho cuando a la mayoría de los secuestrados se los apalea y tortura salvajemente para llevárselos y durante las primeras horas o incluso se los mata? ¿Un tipo con mucha suerte?

Nosotros no sabemos con certeza que pasó exactamente. Tal vez nunca lo sepamos. Lo que si sabemos es que el manejo que hizo el gobierno, el propio Gerez y sus partidarios del caso, solo sirvieron para banalizar los secuestros y las amenazas y distraer la atención de la “opinión publica” de la desaparición de Julio López y las constantes amenazas y atentados contra dirigentes de los derechos humanos y testigos en las causas contra los Procesistas.

Otra cosa que también sabemos, esta vez por boca y acción del propio Luís Gerez, es lo que nunca debe hacer un militante que se dice del pueblo en un caso semejante. Veamos.

Una vez libre, Gerez se negó a hablar públicamente durante días. Un militante no hace eso. Dice clara y firmemente todo lo que sabe y públicamente. Incluso tiene la obligación de dar a conocer todos los detalles del incidente. Esto tiene por objeto sacar del secreto del sumario lo que al gobierno le interesa que los trabajadores y el pueblo no se enteren.

Gerez declaró que sintió el ruido de un auto que se aproximaba por detrás y no le dió mayor importancia usó la expresión de que se había descuidado. Un hombre como el, que se considera militante y que además fue testigo en un caso resonante (el del ex intendente Patti) y que habría recibido amenazas en varias ocasiones no camina con el tráfico, sino contra el tráfico.

Gerez declaró que alguien lo tomó de los pelos y que el se “paralizó”. Los militantes no se paralizan, luchan, gritan, tratan de huir. No solo para salvar su vida – que en la gran mayoría de las veces la perderán – sino como una tarea militante para dificultar al máximo el accionar de los secuestradores y obligar a potenciales testigos a observar la escena y tomar datos (número de patente, marca del automóvil, descripciones de los secuestradores, etc).

Es casi imposible sostener a quien lucha denodadamente solo por los cabellos. Gerez declaró que luego alguien mas se bajó del coche y lo empujó a su interior. Perdió momentos preciosos. ¿Por qué? Uno procede sicológicamente condicionado por la experiencia y el entorno social. Ambos deberían haberle indicado, ante desconocidos que intentan secuestrarlo, la defensa activa, el intento de huida a cualquier costo.

Claro, esto tendría variables si los presuntos secuestradores fueran conocidos del secuestrado y actuaran sin despertar el instinto de preservación en un primer momento.

Gerez relató que no lo golpearon durante su traslado, limitándose los secuestradores a ponerlo sobre el piso del vehiculo y que, una vez llegado al lugar de detención, que lo tuvieron todo el tiempo con los pies y las manos atadas, pero que le dejaban sacarse la capucha cuando estaba solo. "Cuando escuchaba algún ruido me tenía que desesperar para ponérmela. No pude ver a nadie, y si hubiera tenido la posibilidad no me hubiese atrevido a mirar". (Entrevista con Clarín, 3 de enero, 2007).

Gerez también describió la “capucha” como una bolsa de plástico que “a veces le dificultaba la respiración”.

Estas declaraciones son inusuales. Comencemos por lo último. Las “capuchas” son generalmente de tela para impedir la visión y permitir la respiración de la victima. Una bolsa de plástico ahogaría hasta la muerte al secuestrado si estuviera fija o se saldría con la más leve brisa si no lo estuviera.

Gerez dice que le dejaban sacarse la capucha, algo también inusual porque le hace perder “control” a los secuestradores y afirma que no vió nada y que si hubiera tenido la oportunidad no se hubiese atrevido a mirar. Gerez debe tener una personalidad única. No quiere saber, no quiere mirar, no quiere preguntar (también lo dijo) a sus secuestradores. ¿Y si se hubieran equivocado de persona? ¿No sería el conocimiento de quienes son y porque lo retienen un elemento importante para saber si sobrevivirá? ¿Verlos, a hurtadillas, no sería útil luego para identificarlos? ¿Quería identificarlos Gerez?

Por último, todo secuestro comienza con suma violencia porque los secuestradores deben lograr a) llevarse a su victima, b) deshacer su resistencia y c) imponer su dominio sobre la persona que secuestran.

Aparentemente, por lo que ha dicho Gerez hasta ahora, nada de esto sucedió. Lo menos que podemos decir es que Gerez no solo es un hombre de suerte sino que la relativa suavidad con que fue tratado parece banalizar los secuestros y hacerlos aparecer como casi soportables. Al menos, como algo por lo que no vale mucho movilizarse. Esto último es extremadamente serio y peligroso para la sociedad.

Los secuestros no son juegos de chicos, no están exentos de violencia desde el primer momento, todo lo contrario, son operaciones para someter, destruir la resistencia del secuestrado y lograr información o su intercambio por algo o alguien. En todos los casos, la violencia y la tortura son medios para lograr esos fines.

Esto podrá parecer un juicio muy duro, pero un militante no se entrega, lucha por liberarse, trata de escapar, pregunta para tener la mayor información posible, recoge datos de sus secuestradores, trata de saber donde lo llevan, espías, hace inteligencia, trata de liberarse, habla públicamente y públicamente dice todo lo que sabe. Utiliza su situación para educar a otros. Nada de esto hizo Gerez.

Puede haber varias razones para ello: o esperaba un final feliz por anticipado o no le dió la adrenalina para actuar como un militante. De cualquiera de las dos formas, su ejemplo no debe ser tomado como tal.

Las apariciones confusas o lentas de Gerez no son nuevas. Apareció después de 30 años a declarar contra Patti cuando se lo pidieron desde el gobierno y lo hizo sobre las torturas que recibió del genocida cuando estuvo detenido por un asesinato que dice no haber cometido. ¿Por qué esperó tanto tiempo?

Gerez es amigo personal del sub-jefe de gabinete del gobernador Sola, Emilio Pérsico, con quien incluso tuvo negocios en el pasado y para quien co-dirige su organización de piqueteros en Escobar. Cualquiera tendría que suponer que debería haber reaccionado en forma más eficaz, mas como un militante.

Gerez, en sus declaraciones, también dijo que había sido amenazado anteriormente, y en una de ellas afirma que un automóvil se puso a la par del suyo y le mostraron armas, luego se fueron. Gerez dice que no miró la patente del coche amenazador ni recuerda los detalles del mismo.

Como dijimos al principio, no sabemos que pasó en realidad, pero sea lo que sea, debemos decir claramente: no puede ponerse en duda la brutalidad y la violencia de los secuestros de militantes basándose en la experiencia única de Gerez y un militante no actúa como el lo hizo: antes, durante y después del secuestro.

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